miércoles, 2 de agosto de 2017

HELADO DE CHOCOLATE (Mary Ann Geeby)


Emulando al niño inquieto que adora realizar sus travesuras, me sonreíste, con tus bigotes de chocolate. Un calambre interno descargó en mis entrañas, transmitiéndome la necesidad vital de lamer las apetitosas manchas dulces que delineaban tu boca. Te miré embelesada.

Como ajeno a los sentimientos de hambre que produces en mí, abriste más la boca, introduciendo la completa magnitud del helado dentro de ella. Cerraste los ojos al hacerlo e, incluso, gemiste suavemente. ¡Eres un provocador!

Al extraer el dulce de tu boca, maliciosamente despacio, acomodaste su contorno al dulce, con una precisión milimétrica. Tus labios se tensaron, ajustándose al tamaño exacto del objeto que recubrían y, de nuevo, me miraste sonriendo goloso.

—Me encanta el helado de chocolate —dijiste sencillamente.

Y ya no pude esperar más. Te quité el dulce de las manos, depositándolo en el plato. Empujé la mesa hacia adelante, para conseguir más espacio. Tus manos habían quedado levantadas en señal de rendición indicando que, a pesar de no comprender mis intenciones, no te quedarías al margen, sino que aceptarías sumiso mis decisiones.

Y entonces, te monté.

Me senté sobre ti a horcajadas, colocando tus manos en mis caderas. Sonreías, sin dejar de mirarme a los ojos. Tu boca, esta vez cerrada, dulcemente contorneada de cacao, comenzó a abrirse dejando asomarse a tu preciosa lengua, la cual llevaba el cometido de relamerte.

—Ni lo pienses, siquiera. ¡Es míoooooooo! Mi tesssssssssssssssssorooooooooo…

Acerqué a ti mi propia boca, sacando mi lengua muy despacio, presta a lamer los restos del delicioso postre. Empezando por el labio inferior, donde de hecho estaba anclada la mayor parte de la mancha.

Quizá por facilitarme la tarea, o puede que para demostrar tu deseo, colocaste tus labios en forma de beso.

—No, quieto. No los muevas. Sonríe de nuevo.

Y tú, como siempre, obedeciste. Como tu superiora, sólo debo marcar las pautas. Como mi sumiso, siempre acatas mis caprichos.

Lamí gustosa tu otro labio, para luego tomar el helado de nuevo.

—Termínalo. Es tuyo —ordené.

Y lo devoraste con ansia. Me perdí en la palanca que se formaba entre tu lengua y los dientes, con el fin de cortar las últimas lascas de la deliciosa cobertura. De nuevo, tu sonrisa, mientras masticabas.

Y una vez más tus labios presionaron el dulce cilindro que restaba alrededor del palo de madera. En dos o tres chupadas más, cual felación perfecta, lo depositaste pulcro sobre el plato.

—Ahora sí. Une tus labios en un beso.

No obstante, no te besé. Devoré tu boca al fin. Chupé tus labios, los lamí, jugué con ellos y extraje los últimos restos dulces que quedaban en tu piel.

Tus manos volvieron a mis caderas, animándome a moverme al ritmo de mis bocados. ¡Ay, mi loco desobediente! Aquí soy yo quien manda, ¿recuerdas? Por lo que me levanté.

—Vamos a mi casa, ven —ordené.

—Sí, mi jefa. —Adoras llamarme así.

No hay collar que te sujete. Ni cuerda o cadena que te ate a mí. Pero cuando yo mando, tú manso, obedeces. Así me gusta. Así te encanta.

7 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Angel. Por entrar, leer y comentar. Un beso.

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  2. De armas tomar. Muy sensual y erótico, Mary Ann.

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    1. Gracias, Dolors. Mil gracias por estar ahí siempre. Un beso enorme.

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  3. Tan sublime y sensual como siempre, bella Mary Ann... O dicho de otro modo...: ME ENKANHTA...!!!

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    1. Muchas gracias por entrar, leerme y por tus palabras, lindo Javi.

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    2. No tan lindo como aquello que compartes en tu blog, bella Mary Ann...

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